El embrollo
Todo era un cielo despejado azul celeste,
cúmulos dorados lo estampaba a la tarde,
de gala se vestía con el sol en el poniente
y purpurina blanca salpicaba a la noche.
Una nube gris no mancha un hermoso día
tampoco si no hay luna que corone la noche,
o si tímida al atardecer entre nubes se asoma
como si despertándose de un sueño estuviese.
Día triste no es aquel donde no brilla el sol,
o aquel cual tempestad azota el viejo faro
que tiezo se deja abrazar de manera brutal
iluminando el ponente estéril, aveces, vacío
No con tocar la luna o bajar aquella estrella
o pensar atrapar la brisa, con un calderín
y obsequiártela, cual elixir de un alquimista
podrá subsanar esa herida infeliz, tan ruin
Arranque sus flores, y ahora sangra el ceibo
y cada temporada lo hace, triste aun esta
ya no es el mismo, se siente abandonado
sin embargo la próxima temporada florecerá
Ya no habrán palomas blancas, serán gaviotas
las que vuelen sobre el inmenso mar, finito
aún así de corintio vestirá, y recordará secuelas
a la puesta del sol de media noche, abrumado.